miércoles, 19 de julio de 2017

Arcadio Rodríguez: «Los tópicos porque sí no me motivan. Prefiero desarrollar al personajes y hacer comprender sus motivaciones»



Empezó a escribir muy jovencito. Nunca le dio por publicar nada y se dedicó a escribir en medios digitales vinculado al heavy metal. Como si fuese un embalse que termina por llenarse y reventar, empezó a publicar en 2014 y en tres años lleva editadas seis novelas (con tres editoriales diferentes) y un poemario. Sigue escribiendo en alguna web y en una revista y le gustaría terminar el año con otra novela publicada, aunque quien lea estas líneas y sepa cómo está el negocio de la literatura sabrá que no vive de esto.Vamos a conocerle.



P.- ¿De qué trata tu novela, El cineasta?

R.- María y lectores de La boca del libro, muy buenas. Gracias por este espacio. El cineasta, en principio, tocaba ser novela negra y decidí ambientarla en el mundillo de los prostíbulos. En algún momento me perdí o vi que eso no funcionaba del todo y solo quedó un capítulo. Mi mujer me dice que no entiende que yo escriba la novela y no controle su desarrollo. No sé explicarlo muy bien, es como cuando cambias de marcha en un coche, que te lo pide el motor, pues El cineasta me pedía menos novela negra y más narrativa en una historia que resumiría en redención. Su protagonista, Emilio de Horno, es un famoso director de cine que llegó a tocar techo, al menos en lo profesional, que su vida privada digamos que no es envidiable. Pero vivimos en España y en España vivir del arte es efímero, así que nuestro protagonista caerá en lo más bajo y no tendrá una oportunidad hasta casi veinte años más tarde. Y cuando esa oportunidad llegue, no será cómo él esperaba.

P.- ¿Cómo es el personaje Emilio de Horno?, ¿cuáles son sus puntos fuertes y débiles? 

R.- Emilio del Horno está sacado de Elmyr de Hory, que era un falsificador de cuadros cuyas reproducciones valieron más que los propios originales. Me llaman la atención esas curiosidades que no forman parte del gran consumo. Siempre suelo adulterar nombres y amoldarlos a mis necesidades. El Emilio de la novela tiene dos fases. La primera, donde todo es vino y rosas y la segunda, después del suicidio de su esposa, que es como comienza la novela, que me apetecía meter el dedo en esa plaga silenciada que es el suicidio. En general el punto fuerte de Emilio es que puedes llegar a sentirte identificado con él; de acuerdo, en la primera parte es un capullo, pero comete errores, es consciente de ellos y paga un precio por no saber poner en orden su casa.
Fuente: JotDown. Exposición de Minnesota, 2010.

P.- ¿Qué te motivó para componer esta historia?, ¿cuál fue el origen?

R.- Normalmente escribo una novela histórica y una novela negra. Con las históricas me desgasto debido a la búsqueda de información y con las novelas negras voy más a saco, sin tanta recopilación de datos. Al acabar una novela sobre la II Guerra Mundial tocaba El cineasta y me motivó hablar un poco del mundillo de la prostitución, que tiene miga y no es solo una masa de mujeres encerradas en un local y explotadas día y noche. Es algo gris, como la propia ley que hay en este país, donde la prostitución no es legal, pero de alguna manera está regulada y se permite ejercerla. Supongo que es algo que no da votos y se prefiere mantenerlo oculto y no hablar de ello, ni ponerle una regulación, como tienen otros países europeos, aunque a lo mejor para eso no nos interesa ser europeos. 

P.- Supongo que el cine formará parte de tu día a día, ¿qué tipo de cine te gusta?

R.- Veo de todo. Me gusta tanto la ciencia ficción como el drama. Hace poco me he visto unas películas viejísimas de zombis que son la carcajada pura y dura. Hace sesenta años supongo que daban miedo, hoy te bebes dos cervezas, aprietas el play y no paras de reírte. La cutrez junto con la parafernalia y unos malos actores son más divertidos de lo que pueda parecer. Además no hago ascos al blanco y negro, solo me importa que la historia sea buena, o sea tan mala que no puedas parar de reírte, ojo, se aprende mucho del cine malo como de un mal libro, porque te queda un pensamiento fijo ante algo que no tiene calidad: tienes que evitar hacer algo similar.

P.- Por cierto, ¿hay muchas referencias cinéfilas en la novela?

R.- Muchas. Se nombran técnicas de grabación, métodos, actores, directores y películas míticas, pero están metidas con suavidad, como una subida de impuestos, en verano, con la gente de vacaciones y después de una noticia de un atentado o algo así. Que no se note la clavada.

P.- En tu novela tocas el tema del alcoholismo con referencias bíblicas. Háblanos de esa conjugación.

R.- Huí del típico alcoholismo de sesiones, doce pasos, padrinos y demás. Emilio del Horno tiene un problema con la bebida, pero no llega a ser alcohólico. Los tópicos porque sí no me motivan. Prefiero desarrollar al personajes y hacer comprender sus motivaciones. Las referencias bíblicas son muchas y algunas ocultas, como Nírdenas, que es el apellido de uno de los protagonistas y viene de Sanedrín. Es lo de antes, hago adulteraciones y anagramas con nombres que me interesan. Yo leo la Biblia, de hecho es el único libro que tengo encima del escritorio, pero no leo la Bíblia como creyente, sino como si fuese solo un libro que tiene buenas historias. No recurro a ese libro como inspiración, pero sí es verdad que tiene dos mil años y aún es un texto vigente, y si algunas personas viesen la viga en su ojo antes que la paja en el ajeno, vivir en sociedad sería más agradable, por ejemplo, y, siempre, siempre, siempre: tratad al prójimo como os gustaría que os tratasen a vosotros.

P.- Una de tus pasiones es el heavy metal, ¿cómo conjugas este tipo de música con la escritura?, ¿cómo te influye?

R.- Se compagina solo. Llevo poco editando, pero escribiendo ya son años. Unos veinte. Y he escrito y escribo en medios dedicados a ese sonido. Hago críticas de discos y entrevistas, a eso me dedico en mi tiempo libre. Es un pasatiempo que siempre he mantenido, digo pasatiempo porque no es mi trabajo y nunca he visto un euro de esa labor, que siempre hay gente que no sabe cómo funciona esto y piensa que sí ganas dinero, que en algunos casos es así, pero no siempre. Que escuche heavy, o black metal o death metal sí que algo influye y siempre dejo cosas en las novelas, esta vez hay parte de una letra de Deep Purple en la propia novela de El cineasta. No sé que pensará la gente que asocia el heavy metal a chillidos y guitarras muy agudas, pero yo siempre escribo con ese tipo de sonido y otros más fuertes. Judas Priest, Iron Maiden o los Deep Purple nunca me faltan. Eso sí, para escribir siempre rock en inglés. Con el castellano tengo el problema de que no me concentro y empiezo tarareando las letras.


P.- En tres años has publicado seis novelas con tres editoriales diferentes. Ya tienes recorrido editorial, ¿por qué nunca has optado por publicar en Amazon? Cuéntanos tu experiencia.

R.- Para mí solo tiene valor el papel. No hay más. Como soy productivo y ciertas gestiones me aburren, compagino editoriales al uso (presento mi novela, la lee un equipo editorial y deciden publicarla porque tiene calidad) con la autoedición (yo pago por ver publicada mi novela). Que no sé si la gente que lee esta entrevista es consciente de cómo está el patio en este percal... una cosa es que publiques libros y otra cosa es que ganes dinero con ello. Cuando autoedito la editorial que contrato me da la posibilidad de subir el libro en Amazon, una opción de venta por demanda, que es que si tú compras mi libro la imprenta te imprime solo tu copia. Me gusta esa idea porque nunca podrás decir que tu novela está agotada. Publicar solo en Amazon... ya te digo que no entiendo de eso y no quiero entender. Yo hago lo mío, me muevo por impulsos y caprichos y mientras tenga dinero suficiente para autopublicar, pues lo seguiré haciendo en papel. El cineasta sí que ha salido con una editorial al uso, Eolas Ediciones de León, que les gustó la historia y son ellos los que se encargan de las gestiones en la red, el ebook y esas cosas que me suenan a chino.

P.- ¿Cómo ha ido cambiando tu estilo desde tus inicios como escritor?

R.- Por fuerza ahora soy más organizado. Las novelas se van desarrollando en mi cabeza y luego, escribir, escribo poco. El problema es que mi mujer es muy habitual a soltarme un: estás ausente. Y sí, mi desprendimiento mental llega a ser preocupante. La cosa es pensar mucho la historia, el enfoque que quieres darle, las motivaciones de los personajes y el estilo que le quieres dar a la novela, luego solo es escribir. No sé si responde esto a la pregunta, porque muchas veces sí que me reconozco en los escritos, noto frases que son mías, pero no sé si tengo estilo o simplemente hago lo que puedo.

P.- ¿En qué nuevo proyecto literario estás metido?

R.- Pequeña historia de Treblinka y Alderney, la isla del silencio. Lo siento pero yo no pienso en una novela. Ahora ando escribiendo una sobre la Guerra Fría, mi mujer está corrigiendo otra de la II Guerra Mundial, tengo algo de narrativa, una historia sobre la eutanasia con una pareja de lesbianas en crisis de pareja como protagonistas que no ha quedado mal. Lo que resta de 2017 es para promocionar El cineasta y en otoño publico Pequeña historia de Treblinka y para principios de 2018 toca Alderney, la isla del silencio. Las novelas ya están escritas, corregidas y tengo algo de financiación porque acabo de cobrar la paga extra, así de claro. De momento Pequeña historia de Treblinka la autoedito por gusto, sin moverla por editoriales, y ya veremos qué pasa con Alderney, la isla del silencio, que quiero sacarla pronto por el gustazo de ser uno de los pocos escritores del mundo que ha escrito algo en esa desconocida isla del canal de la Mancha. Si encuentro editorial, pues muy bien, sino la dejo para cuando cobre la extra de diciembre y la tenemos para la primavera del año que viene.

P.- Recomiéndanos una novela donde el cine sea parte de la trama.

R.- El viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez. Aunque no es cine, es teatro, pero madre mía que trama más bien llevada. Hay algunos diálogos para escucharlos varias veces y saber cómo se tienen que hacer las cosas. Tanto la novela como la película son casi lo mismo, el mismo guion (dice la RAE que guion ya no se acentúa, yo prefiero no hacer comentarios) fue escrito por la misma persona y eso se nota.

María y lectores, hasta la próxima. No hablo de vender más o menos libros, pero buscad información sobre Oradour, que es una historia con miga y para este año nos metemos con Treblinka y luego con Alderney, cosas desconocidas e interesantes. Mientras, tenéis El cineasta en Eolas Ediciones.


Perfil de Twitter del autor: @arcadiotocino
Perfil de Facebook del autor: Arcadio Rodríguez. 

Entrevista realizada por María Bravo.


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martes, 20 de junio de 2017

Héctor J. Castro: «La novela de capa y espada nunca ha pasado de moda»


Héctor J. Castro. nació en Ferrol en 1988. Fue estudiante del instituto Concepción Arenal y actualmente imparte clases de inglés. Ganó un primer premio de literatura en el certamen escolar del Día das Letras Galegas, y su relato «El País del Sol» quedó finalista en el certamen de Letras Cervantinas, en Madrid. Se dedica desde hace muchos años al modelismo de miniaturas y escenas militares, lo que le llevó a ganar premios de pintura (Norma Cómics, La Coruña). También es un gran apasionado del cine y de la música. 


P.- Héctor, ¿de qué trata la trilogía El Siglo de Acero?

R.- La trilogía del Acero cuenta tres episodios independientes que les ocurren a dos soldados españoles, Martín de la Vega y Afonso el portugués, en un período de 10 años (1568-1578). El primer libro los lleva a conocer la turbulenta Italia del Renacimiento, la de los príncipes maquiavélicos, los artistas y los condotieros; así como la vida en las galeras que luchaban contra los corsarios turcos en las aguas del Mediterráneo. En el segundo libro, los protagonistas se encuentran sirviendo en el ejército español en la guerra de Flandes, y aquí se mueven por una Holanda desolada e invernal, inmersa en una cruenta contienda civil y religiosa. La tercera y última entrega está ambientada en Madrid, donde Martín y Afonso, ya más mayores y cansados, se ven envueltos en una endiablada intriga palaciega en la que también participan personajes históricos como el propio rey Felipe II, el ministro Antonio Pérez o la princesa de Éboli.

P.- ¿Cuántos géneros se pueden ver en tu novela? 

R.- En general es una obra en la que quise juntar todos los ingredientes del género: intrigas, amores, batallas y acción a capa y espada, además del inevitable retrato costumbrista de la época, utilizando como hilo conductor a estos personajes tan paradigmáticos de su tiempo como son dos soldados de los tercios españoles.

Martín de la Vega. 
Soldado de los Tercios españoles y espadachín a sueldo. 
Valiente, irascible y aventurero. 
P.- ¿Por qué en el siglo XVI?

R.- Me apasiona el escenario caballeresco y romántico del siglo XVI. Fue un siglo peligroso y fascinante, plagado de aventuras, viajes, descubrimientos, guerras, arte, conjuras, etc. Además, fue la época en la que España estaba en la cumbre de su época imperial, y si consiguió tal cosa fue merced a unas cuantas generaciones de hombres de hierro, forjados tras ocho siglos de guerra contra los moros. En el siglo XVI no había nada que un español no se atreviese a hacer. Recorrieron Europa de punta a punta como las antiguas legiones romanas, navegaron hasta los confines del mundo, derrotaron a casi todos los que se les pusieron delante, fundaron universidades, reinos, llevaron la lengua castellana al otro lado del mar… Mataron a mucha gente, por supuesto, pero no más que los romanos o los griegos en su día, y bastante menos que los anglosajones en su época colonial. La vida era así, y para muchos, convivir con la violencia era el único modo de vivir.

P.- ¿Qué necesitabas contar y por qué?

R.- A mí me interesaba, aparte de contar los hechos, describir la mentalidad que tenía esa gente, lo que les llevaba a abrazar el oficio de las armas o a cruzar el océano a bordo de un cascarón de madera. Quería recrear cada detalle; que el lector viera con los ojos de aquella gente del siglo XVI lo que era navegar por un mar Mediterráneo infestado de piratas, recorrer las calles oscuras y peligrosas de las ciudades europeas, conocer las trincheras embarradas en torno a una ciudad sitiada, beber vino en tabernas sórdidas acompañados de espadachines, pícaros, tahúres. En definitiva, que pudiera observar de cerca cómo vivieron muchos españoles hace 400 años.

P.- Inevitablemente, tu novela me ha llevado a la obra de Cyrano de Bergerac, que triunfó a finales del siglo XIX cuando la novela de capa y espada no pasaba por su mejor momento. ¿Por qué has querido arriesgar con este género?, ¿crees que debería ponerse de nuevo de moda?

R.- Yo creo que la novela de capa y espada nunca ha pasado de moda. Es un género que ha resistido muy bien el tiempo. Si un lector ahora, en 2017, lee Los tres mosqueteros o Scaramouche, se encuentra con novelas que conservan frescura y buen ritmo narrativo. Siguen siendo actuales a pesar de tener más de 100 años. Yo intenté recuperar el estilo y ambiente de esas obras clásicas que son ágiles, románticas, descriptivas, inmersivas... El Siglo de Acero es una reinterpretación de esa manera de contar historias adaptada al público actual.

Cartel del musical de Scaramouche

P.- Estamos ante una novela de piratas y navegantes, ¿cuáles han sido tus influencias en este género?

R.- En «Peones & Damas» se nota mucho la influencia del folletín de aventuras que tanto éxito tuvo a finales del siglo XIX. Novelas como la anteriormente citada Los tres mosqueteros; hay mucho también de El corsario negro de Emilio Salgari, La isla del tesoro de Stevenson, Miguel Strogoff de Verne, etc. 

P.- ¿Solamente clásicos?

R.- No sólo clásicos, y eso es un punto a favor que tenemos los escritores de esta nueva generación. No solamente los clásicos nos han influido a la hora de escribir, sino que hemos crecido con películas, series, videojuegos, cómics… Y echamos mano de toda esa gran variedad a la hora de componer nuestras obras. En mi trilogía se ve claramente la impronta que ha dejado Homero, Víctor Hugo o la picaresca española, pero también se pueden encontrar escenas directamente influenciadas por el cine western de Peckimpah o de Sergio Leone, y otras que podrían estar sacadas de un cómic de Conan o de una película de aventuras de los 80.


P.- ¿A quién pertenece el diseño de la cubierta y las ilustraciones? Háblanos de ello.

R.- Del artwork se han encargado Nacho Tenorio y Sergio Mora, de Third Guy Studio, que son principalmente dibujantes de cómic. Los elegí a ellos porque vi varios de sus trabajos en Internet y quise que las ilustraciones de El Siglo de Acero tuvieran ese aspecto más juvenil, más cercano a La Espada Salvaje de Conan, a Berserk o a los juegos de rol. Hoy en día prima lo visual, y para mí es valiosísimo poder contar con una portada que llame tanto la atención como la que estos chicos han hecho para «Peones & Damas». Han realizado un trabajo magnífico. Me encanta la cara que le han puesto a mis personajes y estoy seguro de que las ilustraciones de las próximas dos entregas serán igual de buenas. 

P.- ¿Qué valor le das a la historia en tu novela?, ¿te tuviste que documentar mucho?

R.- Como es una saga de aventuras procuré que la documentación no ralentizara o solapara la trama; no obstante, intenté que todo estuviera lo mejor recreado posible. Tan sólo me permití simplificar o alterar detalles históricos secundarios para beneficiar la ligereza de la narración, y cuyo aporte imaginativo espero sabrá discernir el buen criterio del lector. El proceso de documentación, en mi opinión, es arduo pero a la vez es precioso. Intenté tener especial cuidado ya no sólo en las descripciones, sino en que la mentalidad de los personajes fuese creíble y acorde con la época. 


Cubierta de Peones & Damas, 
la primera entrega de la trilogía. 
Inspirada en los posters de las películas de los 80 
como FleshBlood, La Princesa Prometida o Willow.

P.- Pero la mentalidad ha cambiado tanto desde entonces...

R.- La gente del siglo XVI no pensaba como pensamos ahora. Era un mundo brutal y la mentalidad estaba supeditada a la religión. En este sentido mis libros son bastante oscuros, no hay héroes que compendien virtudes y defiendan de manera altruista la justicia; incluso Martín de la Vega, el protagonista, es un hombre pendenciero, repentino y a veces contradictorio, extraordinariamente pronto de irritarse, desenvainar la espada y batirse por una palabra inadecuada, devoto de una imagen ideal de sí mismo aunque repleto de extrañas debilidades… Intenté que se pareciera lo máximo posible a los soldados de las crónicas de la época para darle veracidad al relato.

P.- ¿Cómo describirías la novela histórica en el sector editorial de nuestro país?

R.- Hay de todo. Pero en general me encuentro con bastante «tocho histórico». Me refiero a estos libros de 800 páginas en las que el autor se dedica a soltar toda la documentación que ha recabado durante un par de años, o los que sean. Yo me inclino más hacia la ficción histórica de aventuras; lo que me importa es el buen desarrollo de la trama y de los personajes, y que el lector ya se vaya enterando del tema histórico por el contexto. Intentar explicar constantemente lo que pasa y por qué pasa es un error, en mi opinión. Para eso ya están los historiadores y los libros de Historia. Me gustó mucho, por ejemplo, la saga del Capitán Alatriste cuando la leí en el instituto, porque tiene las explicaciones necesarias sin detrimento de la trama. Así es como yo creo que debe hacerse una novela histórica.

P.- Actualmente te dedicas al modelismo en miniatura y escenas militares, ¿cómo te influye eso en tu escritura?

R.- Es totalmente complementario, ya que la documentación que tengo que hacer para representar y pintar correctamente las miniaturas, me sirve para las novelas. De hecho, estoy trabajando en una maqueta grande, de unas 700 figuras, sobre la batalla de Jemmingen, acaecida durante la guerra de Flandes y que precisamente sale en la segunda novela de la trilogía. En la maqueta incluso pueden verse las miniaturas de Martín de la Vega y Afonso el portugués, en medio de un tercio de infantería española. Hasta tal punto está relacionado.

P.- Hablando de sinergias, veo que tienes mucha actividad en Facebook, ¿cómo es tu experiencia con esta red social?, ¿por qué Facebook y no Twitter para un escritor de tus características?

R.- Lo cierto es que, aunque me veáis tan joven y guapo, soy un tanto anacrónico. Entiendo de informática lo justo, y todavía no me he rendido al libro digital (ni siquiera tengo dispositivo para leerlo). Soy más de atiborrar las estanterías de ejemplares y recorrer con una mochila todos los rastros que encuentro en busca de botín. De hecho fue así como me hice con una buena colección de clásicos. Todos de segunda mano. No obstante, Facebook es una herramienta que me está ayudando mucho a dar a conocer la trilogía y hablar con los lectores sobre los aspectos de la misma. Twitter en cambio ya lo veo más peligroso, porque a mí enseguida se me calienta la boca.

P.- ¿Podrías recomendarnos un buen libro de novela histórica?

R.- Hay algunos libros que recomiendo siempre, porque como dije antes, no sólo recrean con acierto los escenarios de la época en la que están ambientados, sino la mentalidad de la gente que vivía entonces. Yo recomendaría el primero del Capitán Alatriste a cualquier chaval (o no tan chaval) que quiera meterse en esto de la novela histórica. Es un libro perfecto para empezar, como lo puede ser cualquier clásico del XIX, pero sin ser tan denso. Después, ya a lectores más adultos, les recomendaría Los Miserables, de Víctor Hugo, y Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez. Son dos libros absolutamente fabulosos de principio a fin. Lo que sí que no recomendaría de ninguna manera, si lo que se busca es un buen libro de novela histórica, son los best-sellers anglosajones que decoran casi todos los escaparates de las librerías. De esos libros es mejor escapar.

Muchas gracias a La boca del libro por la entrevista, y espero aparecer de nuevo en vuestra magnífica página muy pronto. Un saludo desde Ferrol.

Página web del autor: El siglo de acero
Página de Facebook del autor: @elsiglodeacero 


Entrevista realizada por María Bravo.


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viernes, 9 de junio de 2017

La influencia de los escritores según Harold Bloom

Recientemente me he leído el libro del estadounidense Harold Bloom, uno de los críticos literarios más importantes de la actualidad. Vamos, un peso pesado de las Letras. Carlos Gamerro, escritor y traductor argentino de Bloom, ha recopilado en El canon literario, las ideas principales de El canon occidental, publicado en 1994.


En este libro, se hace un  repaso de los grandes maestros de la literatura por medio de la influencia que marcaron en autores posteriores y por quiénes se dejaron influenciaron. Chaucer, Dante, Shakespeare, Austen, Kafka, Cervantes, Tolstói, Whitman, Joyce, Proust o Borges pasan a ser los autores canónicos de la tradición occidental según Harold Bloom y jamás podrán ser descanonizados. Además, argumenta que ellos son los que conforman la columna vertebral de nuestra civilización y que al fin y al cabo, los buenos escritores solo compiten con los muertos (esta lucha literaria entre el escritor nuevo y viejo la denomina agon).

Esa competencia se ha dado en toda la historia de la literatura y se ha visto, en multitud de ocasiones, como una angustia, ya que el precursor nunca podrá superar al antecesor. Aunque, a diferencia de otras épocas, en el Renacimiento, la influencia se recibe como un don más que como una pesada carga. Sin embargo, después comienza la angustia de las influencias y los grandes duelos literarios.



Así, el canon se convierte en una fuente de autoridad a la que hay que seguir. Tanto es así que la vitalidad de un autor y su obra se mide por su capacidad de influir sobre otros. Dante y Shakespeare, por ejemplo, son los que más han influido en los escritores posteriores. James Joyce llegó a decir: «Después de Dios, Shakespeare es el que más ha creado. Ante la pregunta de qué libro me llevaría a una isla desierta, dudaría entre Dante y Shakespeare, pero no por mucho tiempo. La obra del inglés es más rica y se llevaría mi voto». Goethe en los escritores alemanes: Hegel, Schelling, Schopenhauer, Marx o Nietchez.

Y ahora os pregunto, ¿qué autor del pasado os ha influido de manera considerable a la hora de escribir?, ¿y a la hora de leer? Venga, aquí no hace falta rivalizar. Sabemos que los clásicos siempre ocuparán su silla literaria. Lo bueno que hay que hacer es aprender de ellos y seguir nuestro camino.


Escrito por María Bravo





jueves, 25 de mayo de 2017

«Canción dulce», de Leila Slimani

El bebé ha muerto. Bastaron unos pocos segundos. El médico aseguró que no había sufrido. Lo tendieron en una funda gris y cerraron la cremallera sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los juguetes. La niña, en cambio, seguía viva cuando llegaron los del servicio de emergencias. Se debatió como una fiera. Había huellas de forcejeo, fragmentos de piel en sus uñitas blandas (...) La madre, al entrar en el cuarto donde yacían sus hijos, lanzó un grito desde lo más hondo, un aullido de loba. 

Editorial: Cabaret Voltaire
Año de edición: 2017
País de origen: Francia

Páginas: 278
Premios: Goncourt 2016
Y llegó el Premio Goncourt de novela 2016 a mis manos. Ansiosa por leerlo. Un título que sosiega: Canción dulce, y un comienzo que te mete cafeína en las venas: muerte. La novela está inspirada en el caso real de una niñera que en 2012 mató a los niños que cuidaba en un barrio acomodado de Nueva York. Así, de golpe nos encontramos con una escena macabra, dos niños han sido asesinados. En las dos primeras páginas la duda asalta, ¿quién ha podido cometer tal infanticidio?, ¿cuál ha sido el móvil del asesinato? Son dos páginas que introducen un flashback que compondrá el grueso de la novela.

A medida que vas leyendo, descubres quién ha cometido el crimen. Ahí reside la magia de Canción dulce, que, pese al hallazgo, no dejas de leer (lo mismo que en Titanic sabes que se va a hundir el barco). Te ves metido de lleno en la familia acomodada parisina para comprender mejor las claves del crimen. 


La escritora Leila Slimani (Rabat, 1981) nos presenta un thriller sin ornamentos. Palabras justas y escenas narradas con una precisión en los elementos digna del clavo de Chéjov. Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su carrera laboral como abogada pese a la reticencias de Paul, su marido, que no quiere dejar a sus hijos en manos de una niñera. Sin embargo, Myriam comienza a trabajar y, finalmente, optan por contratar a una mujer que cuide a sus hijos. El proceso de selección es estricto. No se conforman con cualquier. Ninguna les parece bien. Hasta que aparece Louise.

Louise, ese personaje plagado de vértices y esquinas, carne de cañón para cualquier psicoanalista, se presenta como la cuidadora perfecta. Atenta, responsable, cariñosa, educadora, amable, cortés. La familia la adora. No hay ninguna fisura en su carácter. Consigue mimetizarse con la familia, ser una más, rayando en ocasiones la obsesión.

Pero todo ello se vuelca en oscuridad. Sobre todo, vemos la caída a los infiernos de Louise. Cómo se va torciendo su carácter afable. En ocasiones, los capítulos se centran en personajes circundantes a Louise, que nos hacen entender, con pequeñas pinceladas, partes de su personalidad. Slimani deja muchos huecos por rellenar, pero no deja nada al azar, esos huecos son necesarios para el lector.

Los gritos de los niños la irritan, ella también se pondría a gritar (...) Ya no tiene indulgencia ante los llantos, las rabieta y las alegrías histéricas. A veces siente el impulso de rodear con sus dedos el cuello de Adam y zarandearlo hasta que se desmaye. «Alguien tiene que morir. Alguien tiene que morir para que seamos felices». «Se me castigará por esto  oye decir a su pensamiento. Se me castigará por no saber amar.»

Slimani  ha querido rendir homenaje a la figura de las niñeras, tan presentes en su infancia. A su vez, expone diversos temas de la sociedad actual: el amor en el matrimonio, la maternidad, dónde recae el peso de la educación en los hijos, quién debe traer el mayor aporte económico a casa, de qué manera prejuzgamos otras culturas. Canción dulce forma un collage depurado difícil de olvidar en la mente del lector. No defrauda. Se queda un poso en la mente, un poso que vas digiriendo a medida que pasan las horas.


Fuente: yalibnan

Slimani nació en una familia francófona y fue educada libre, sin obligaciones en la vestimenta ni en la ideología. Opuesta al integrismo religioso (se siente contraria al islamismo) y comprometida con la miseria social, lucha por un mundo con más educación y menos dogmas. Seguidora de autores de la talla de Chéjov, Zweig o Beauvoi, en marzo del 2011, El País la entrevistó con motivo del fallo del Premio Goncourt. Álex Vicente, el entrevistador, le hizo la siguiente pregunta digna de mención (aunque la entrevista merece ser leída en su totalidad):

Recibió una educación liberal, pero con contradicciones. Por ejemplo, le dijeron que era dueña de su cuerpo, pero tenía prohibido pasear a solas con un hombre... Esa situación esquizofrénica es propia de todos los países musulmanes. Existe un abismo entre la esfera pública y la privada. De cara al público, uno debe comportarse de manera piadosa, según la regla moral, guiada por Dios y la religión. Pero, en tu casa, puedes hacer lo que te venga en gana. Practicar el sexo homosexual, tomar drogas, contratar a prostitutas. Mientras la gente no lo sepa, no hay ningún problema.

Como dato curioso, el Goncourt es el mayor premio de las letras francesas. Si aquí tenemos el Premio Planeta, valorado en 601.000 €, allí la dotación del Premio Goncourt asciende a 10 euros. Calidad pura, eso sí. Y ventas aseguradas, ya que se imprimen 400.000 ejemplares de la obra ganadora. La verdad, no sé por qué los comparo, son escalas totalmente diferentes. Comercial contra calidad. No hay color. Eso sí, os recomiendo Canción dulce. Se lee en una tarde y te cala durante muchos años.


Escrito por María Bravo.






jueves, 18 de mayo de 2017

Olga Pardo: «Me interesa la poesía que te eleva, la que te hace ver que la vida es algo de más vuelo»

Algunas integrantes del taller

Esta vez, mi cita tiene lugar en la Asociación Humanista del Barrio del Pilar en Madrid. El último miércoles de cada mes, realizan un taller de Poesía e inspiración. Cuando llego, me encuentro con un pequeño local que se engrandece con sus actividades literarias y con las integrantes de la actividad. Olga es la coordinadora (en el centro en la imagen), y Fátima (derecha, abrigo verde) y Pilar (izquierda, abrigo negro) nos acompañan para dar luz a un taller poético que muchos barrios querrían tener.  



P: ¿De qué trata vuestro taller de poesía e inspiración?

Olga: La idea no solo era crear un taller de poesía, que ya hay en muchos grupos de Madrid, sino hacer un taller que sirviera para conectar con la inspiración. A veces la vida se vive muy gris, y la poesía no es algo que es bonito, es una forma de mirar la vida. Es interesante cómo captar esa mirada poética, tenerla en la vida y plasmarla en un escrito. Pero no todo el mundo del grupo escribía porque no le resultaba fácil. Leer y escuchar poesías de otros también es inspirador. Lo que queríamos hacer aquí es un trabajo más en profundidad: de dónde surge la inspiración, de dónde viene y cómo se inicia.

P: ¿Nos gusta la poesía a los madrileños? 

Olga: En otras bibliotecas del centro hay hasta listas de espera, así que parece que la poesía resurge o que hay interés. En el barrio es un poco más complicado, pero hay gente a quien le gusta.  

P: ¿Cómo llegaste hasta aquí, Olga? 

Olga: Estudié psicología y ahora trabajo en diseño gráfico. Yo estoy aquí porque desde siempre me ha interesado escribir y durante muchos años no le hice mucho caso. Hace unos años empecé a retomarlo. Cuando escribes cosas que te pasan de una forma poética, ahondas en sentimientos, sensaciones, y me pareció interesante compartirlo, y hacerlo de una forma colectiva.

P: Creáis poesía y relato corto, ¿no es así?

Olga:
 
Eso lo pusimos porque a lo mejor no a todo el mundo le encajaba escribir en verso, entonces por eso quisimos abrir esa otra variante.
Pilar: Yo estoy muy interesada en el taller de poesía y literatura porque a mí me gusta escribir, me aporta mucho todo lo que aquí se hace. Yo estaba en un momento muy difícil de mi vida, me acababa de quedar en paro, descubrí esta asociación y vi que me podía aportar. De hecho, me ha aportado más de lo que creía que me iba a aportar. Lo que más me interesa es el taller de poesía. En la universidad escribía. Lo hacía en un grupo de creación literaria. Allí escribí monólogos y microrrelatos de humor. Mi evolución ha ido a poesía social, crítica social o destructiva del ser humano y de la sociedad. Aquí, a parte de lo que yo aporte, a mí me aportan y me nutro con esas guías de talleres de psicología para crear mis poesías. Olga tiene una gran capacidad para hacernos relajar y entrar en conexión con nosotros mismos, para encontrar el momento de escribir y de sacar lo que tenemos dentro.

P: Vayamos a la inspiración. ¿Cómo la trabajáis en el grupo? ¿cuáles son las claves para que las musas bajen a visitarnos? 

Olga: Al principio traíamos las poesías que más nos inspiraban, y empezamos leyendo a autores o comentando a otros escritores que nos gustaban. Analizando qué nos aportaba eso, y en algún punto del taller, hacíamos un ejercicio de interiorización (porque cuando hablas lo externalizas) y escribíamos algo en el momento: sobre qué le había surgido de esa charla, qué le había producido o qué sensación les había dado ese tema. Un día el taller trató sobre autores relacionados con la no violencia. Me gustó mucho tratar a Tagore, activista de la no violencia y poeta, con una sensibilidad exquisita. Lees a esos autores que tienen ese mundo, y de repente te dan ganas de escribir o te mueve algún sentimiento o alguna sensación.

Me gustó mucho tratar a Tagore
activista de la no violencia,
con una sensibilidad exquisita

P: ¿No mandáis ejercicios para casa, entonces? 

Olga: Se escribe en el momento, en el taller. Es algo rápido y corto, y luego a lo mejor en casa te surgían más cosas y podías traerlas. Escuchar las poesías de otros te inspira.

P: La paz o la interculturalidad son algunos de los temas que tratáis. ¿Cómo surgen los temas que proponéis? ¿quién los proponen? 

Olga: Lo vamos hablando. A Fátima le interesa mucho el tema de la interculturalidad. Le gusta mucho la cultura asiática (India, China, Tailandia). Por ejemplo, este mes queremos hacer una cena de ramadán, pero antes de la cena, tratar algunos temas como el de la mujer (no solo en el islam).
Fátima: Y a lo largo de la historia también, en todas las culturas y cómo ha evolucionado.
Olga: Cómo ha sido su aporte, que normalmente se soslaya o minimiza mucho. También sobre cómo se discrimina a las mujeres o a otras culturas o al que es diferente. Ese no va a ser un trabajo con poesía, sino charlar y acabar con la cena de ramadán. 
Fátima: Yo propuse hablar sobre la evolución de la mujer a lo largo de la historia, y sería interesante que las musulmanas vinieran a conversar sobre la situación de la mujer en el islam y de la multiculturalidad. Que cada uno aporte algo de su cultura y de su país con un plato típico. Esta asociación es humanista, todo centrado en el tema del ser humano.


P: He visto en vuestro blog que abanderáis la poesía social, ¿qué es lo que busca este tipo de poesía?

Fátima: Sensibilizar conciencias.
Olga: Tenemos la inquietud de que algo tiene que cambiar, tanto en uno mismo como en lo social, porque van unidos. La cultura también es una forma de influir o de tratar de transformar. Como dice Fátima, hay que buscar sensibilizar y también de profundizar partiendo de uno mismo, y plantearse qué podemos hacer hacia afuera, en lo social. En noviembre hicimos un taller llamado Construyendo un barrio que inspire. Planteamos el proyecto de poesía, hicimos un vídeo sobre qué es para ti la inspiración y charlamos sobre las actividades de los talleres. Algunas personas hablaron sobre su cultura. En concreto, hubo una persona que habló de Moldavia, y nos explicó cómo era su país.

P: Antes habéis dicho que vais a hacer una cena de ramadán con distintas nacionalidades, ¿cuántas conocéis en este barrio?

Fátima: Hace poco han abierto un restaurante indio, y lo regentan bandaglesíes. Conocemos a gente de Bangladesh, Marruecos, Túnez, Libia, Rumanía o Moldavia. Conocer a gente de otras culturas enriquece mucho a nivel personal, es importante no cerrarse puertas e ir sin prejuicios. A nivel personal siempre te aporta algo. 
Olga: Por aquí, por esta asociación, ha pasado gente de muchos países: Rusia, Polonia o Ucrania. Hace años dábamos aquí clase de español. Y en el barrio también va viendo más gente. Hace tiempo también tuvimos proyectos con Bangladesh, y tenemos gente allí con la que mantenemos relación. Aunque en este taller no hemos tenido tanta diversidad como en otros talleres. Nos encantaría que viniera gente de otras culturas, para que nos trajeran muestras de poesía de otros lados, porque nos aportarían mucho.
Walt Whitman también tenía 
un gran trasfondo social, 
era el paradigma del poeta libre. 
De cada uno captas esa forma de mirar.

P: ¿Cuáles son vuestros referentes de la poesía social? 

Olga: Según hacemos el taller, nos documentamos, vamos buscando y aprendiendo cosas de la literatura de bachillerato. De la poesía española, Celaya es muy interesante, también los poetas del 27. Aunque no hemos tenido tiempo de profundizar. Hemos ido saltando a diferentes campos. Te aportan muchos poetas, como Neruda o Rubén Darío. Para mí, un poeta de cabecera es Tagore. Walt Whitman también tenía un gran trasfondo social, era el paradigma del poeta libre. De cada uno captas esa forma de mirar.
Pilar: Yo tengo predilección por Miguel Hernández. He leído muchísimo de él. También por Rosalía de Castro, una poeta extraordinaria que aportó muchísimo y fue muy valiente. Y todas esas mujeres feministas que, aunque no hicieron poesía, hicieron camino para la literatura y para el mundo academicista español. Yo soy muy de la tierra de poesía de España. También me gusta Cernuda y Miguel Miura. Quizá no leo tanta poesía como debiera, porque me gusta mucho la literatura en general. Me gusta escribir lo que veo, observo en la naturaleza o en el día a día, y esa es la forma de hacer poesía. La forma de relajarme con mi hijo es sentarme con él y escribir, y el niño se relaja y yo me relajo.

P: ¿Lees poesía con tu hijo?

Pilar: Sí, yo trabajo con el niño la poesía y la literatura. Tengo una gran colección de literatura infantil y me aporta para el niño. Le leo todos los días entre uno y dos cuentos. Él está deseando leer, pero va lento. Todo esto le aporta para un futuro. Yo escribo para organizarme en un equilibrio, y todo ese conjunto de poesías que tengo, me van haciendo una trayectoria de ese equilibrio: fíjate cómo estabas, fíjate qué ha pasado o hay que volver aquí.


P: La música y la poesía van de la mano, ¿os inspira la canción protesta propia de José Antonio Labordeta o Joan Manuel Serrat? 

Pilar: Sí, mucho. A mí me gusta Víctor Manuel y Rafael cuando cantaban juntos poesía social. Labordeta, las jarchas, Pimpinela, que también algo aportaban.

P: También tratáis poesías de otras partes del mundo, ¿cómo cuáles?

Olga: Uno de los talleres era sobre poesía intercultural. Tenemos sensibilidad con esos temas, que nos gustan. Aquel día estuvimos leyendo poesía árabe, china.

P: ¿Cuáles son vuestros poetas del pasado imprescindibles?

Fátima: Me encanta la forma de escribir de Bécquer. Tiene un alma de niño y una sensibilidad muy infantil.
Olga: según avanzamos en los talleres, vamos conociendo más poesía y cambiando los gustos. Tenemos autores muy buenos en España. Hay cosas muy especiales en Quevedo o Lope de Vega. A veces coges fragmentos de Cervantes y te das cuenta del peso que tenían. Pero ahora vas buscando y vas encontrando a gente interesante, como a Walt Whitman o Tagore. Por ejemplo, en el taller de poesía intercultural, había autores de poesía árabe en los que reconocías muchas cosas nuestras, y en ellos veías una añoranza de cuando España era Al-Ándalus. 

P: ¿Cuál es la poesía que más os gusta?

Olga: A mí la que más me interesa es la que te eleva, y que te hace ver que la vida es algo de más vuelo, que no es algo solo de ir corriendo a trabajar, de estar estresado y con prisas. La buena poesía es la que te hace sentir que hay algo más: un sentido, una transcendencia. Te conecta con tu yo más espiritual. 
Me interesa la poesía que te eleva,
la que te hace ver que la vida
es algo de más vuelo

P: ¿Y ese poema de Antonio Machado a las moscas?

Fátima: Pero son muy naturales. Cuando te metes en la mente y en el mundo de ese autor, te acaba gustando porque le comprendes.

P: Además, ese poema lo cantó Serrat. 

Olga: Hemos tenido cantautores que hicieron mucho bien con la poesía, Serrat y Aute están entre ellos.
Pilar: También Ismael Serrano, Sabina, Víctor Manuel, Ana Belén, Labordeta, aunque era más político, su trascendencia política me mató un poco. Melendi también, ¿por qué no? Antonio Orozco incluso.
Olga: Es que los autores de los sesenta y setenta han recuperado mucha poesía. Por ejemplo, Camarón cogió el poema La leyenda del tiempo de García Lorca. Leonard Cohen era muy fan de Federico García Lorca, y sus escritos tenían mucho de poesía; Pequeño vals vienés es una adaptación de un poesía de  Lorca. Yo primero descubrí la canción y después la poesía. Los cantantes tienen la gran labor de hacer popular la poesía. 
Pilar: Y no nos olvidemos de Javier Krahe, que ha recuperado muchísima poesía del siglo XIX.
Los cantantes tienen 
la gran labor 
de hacer popular 
la poesía

P: La copla también, que empezó como canción protesta.

Pilar: Sí, es verdad. Lo que pasa que la copla le gustaba a Franco y se le etiquetó como que era un tipo de canción de derechas. Pero en la República, que fue cuando empezó, tuvo su gran aporte social. En la actualidad tenemos a coplistas actuales como a Diana Navarro, que es una copla social de aquella época. Como lo hizo Serrat, Aute y Camarón.  

P: ¿Cómo veis la poesía en la actualidad?

Fátima: Yo es que me quedo en lo clásico. Me pasa igual que con el arte moderno. No entiendo bien lo que intentan expresar.
Olga: Reconozco que no he profundizado mucho en los poetas modernos. Hemos ido a cosas más conocidas. Clara Janés ha sido mi gran descubrimiento, aunque es de una generación anterior, que toca el tema de la trascendencia, igual que María Zambrano, que tendía a la filosofía moderna. Pero mi acercamiento a la poesía ha sido a través de la música. Hay autores que hacen poesía, como Manolo García, por eso el escritor poeta actual ha pasado más desapercibido.
Fátima: Manolo García o Antonio Orozco son poetas. Lo hacen muy natural.
Olga: De todas formas, la poesía no es algo que se valore o que se le ponga importancia. Yo creo que la poesía en el colegio debería de estar mejor reconocida porque te despierta cierta sensibilidad, es algo que te retroalimenta y hay que desarrollarlo. 
Fátima: La sociedad actual es muy violenta y enseña a los niños a competir. Yo soy técnico de animación, y hago talleres y actividades con ellos, y siempre quiero hacer cosas con ellos para no competir, solo jugar.
P: Y seguro que ellos se quejan porque quieren algún premio (risas).

Fátima: Sí, ellos quieren eso. Por eso, la poesía desarrolla esa sensibilidad y conexión con otro ser humano, con la naturaleza o con otra cultura. No somos máquinas, y se debería enseñar expresión artística que les devuelva al ser humano más natural. Sin que haya tanta competitividad.
Olga: La educación van quitando todo lo que es creativo, de humanidades, porque todo se mira desde un punto de vista muy funcional y de producción, que es un error total, porque el ser humano necesita de todas esas vías. Necesita hacer teatro, deporte, arte, porque así tienes un desarrollo integral. No puede ser solo intelectual, matemáticas y física.
Pilar: Yo voy a leer al colegio de mi hijo todos los años, y la primera vez la profesora se sorprendió cuando dije que iba a hacer una improvisación con poesía teatralizada. Le pareció raro. El sistema educativo español no entiende que se tenga que aportar la poesía.

P: ¿Qué poemarios recomendaríais en los meses de primavera?

Pilar: El Romancero gitano de Lorca.
Fátima: Gloria Fuertes, que en concreto tiene un poema muy bello A la primavera, me gusta la forma que tiene de escribir y cómo lo expresa, es alegre e informal.
Olga: Veinte poemas de amor de Neruda. Aunque hay un poema de Tagore que se llama Gitanjali, que me gusta mucho. 

P: Por último, ¿por qué deberíamos ir a vuestro taller?

Olga: Porque hay que darse un espacio a uno mismo para hacer cosas con gente y hacer algo creativo. Y es necesario que uno busque su inspiración, que para algunos puede ser la poesía, para otros otra cosa, pero la poesía puede ayudar, aunque solo sea escuchar a un poeta. Algo que ayude a conectar con el mundo interior y con el mundo poético.
Fátima: Yo considero que la sociedad está muy aislada, y se genera un aislamiento en el individuo demasiado yo, yo, yo. El hecho de venir a un grupo para reunirse con más gente para conectar con personas, está bien. Yo no concibo al individuo como a una persona sola. Aislarte no te aporta nada. El ser humano aprende a base de sociabilizarse.
Pilar: Considero importante tener este espacio para poder ser yo, para poder expresarme y poder encontrar personas que me aporten los recursos necesarios para poder buscarme y expresarme.


Si quieres acudir al taller de poesía e inspiración, apunta:
Día: el último miércoles del mes
Hora: 7:30
C/ Ponferrada, 4 (Barrio del Pilar)
Metro Peñagrande
Télf: 617 722 444

Entrevista realizada por María Bravo.

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