sábado, 6 de enero de 2018

¿Qué control tiene el escritor sobre el personaje?

Una de las regla de oro de cualquier escritor es perfilar bien a los personajes. Esto podría ser sencillo para un escritor experimentado, pero para un alevín quizá no tanto. De cualquier manera, yo como lectora me pregunto, ¿y cómo se perfila bien a un personaje? Porque no es lo mismo hablar del papel de una madre, que en mayor o en menor medida todos tenemos más accesible, a un asesino en serie de la España de los años 30, por ejemplo. No es lo mismo ponerse en la piel de un hijo, de un chiquillo que ha empezado a ir al cole de mayores, que de un recolector inmigrante de patatas de la costa andaluza. No todos los escritores conocen de primera mano la realidad de sus personajes. No obstante, hay trucos para llegar a conocerlo. El primero es la documentación, el segundo es dejarse fluir por los acontecimientos.



El escritor debe implicarse, vivir tan cerca como pueda experimentar cada dolor y conflicto del protagonista o del personaje. Sentir la palma de la mano sudorosa por la recogida de patata o el conflicto de un niño por ser el último en escoger su juego preferido en la escuela. El prisma desde donde el escritor mira la historia debe ser amplio y variado en cada una de sus caras; porque si solo se queda con un punto de vista el lector tendrá la sensación de que lo escribes no tiene verosimilitud. Y eso son palabras mayores, amigo. José Luis Sampedro denominó a esto catártica transubstanciación; es decir, según él, conocer bien a un personaje, también es cuestión de relajarse y dejarse llevar por las circunstancias. No hay que forzar ninguna situación. Porque quien maneja el cotarro no es el escritor, sino el personaje principal. Y para ello es necesario aprender a perder el control. Esto puede llegar a ser problemático en muchos casos, porque esta pérdida puede hacernos sentir indefensos ante la novela. Lo mejor es ver a los personajes sin forzar nada, como si estuviésemos mirándolos por un agujerito en sus casas. Veamos lo que dice el escritor americano John Gardner al respecto:


[...] el escritor tiene que aprender a salirse de sí mismo y a ver y sentir las cosas desde cualquier perspectiva, humana e inhumana. Tiene que ser capaz de dar a conocer de forma precisa y convincente cómo ve el mundo un niño, una joven, un asesino entrado en años o el gobernador de Utah. Tiene que aprender, por medio del examen minucioso de la ilusión en que se sume frente a la máquina de escribir, a distinguir las más leves diferencias en la manera de hablar y de sentir de los distintos personajes, con la misma imparcialidad y desapego que el propio Dios, reconociendo las virtudes y defectos de cada ser humano. Y puesto que no reivindica su visión particular sino la omnisciencia, no puede, por principio, amar a algunos de sus personajes y despreciar a otros.
Para ser novelista
J.  Gardner

Gardner es conocido por ser un importante profesor de escritura creativa, mentor y maestro de Raimond Carver. En su libro Para ser novelista, explica: Este libro es para el novelista que ya ha llegado a la conclusión de que es mucho más satisfactorio escribir bien que escribir sólo lo suficientemente bien como para llegar a publicar. Es un libro que recomiendo, donde el lector encontrará las respuestas a la preguntas de los alumnos de escritura creativa en todos nos hacemos. En este caso, Gardner nos explica la importancia del escritor por ver a través de los ojos del personaje en cuestión sin ningún tipo de prejuicio y poniendo todos los sentidos posibles. ¿Cómo habla un niño de niño de seis años y como una persona de ochenta?, ¿qué toca un sexador de pollos?, ¿cómo es el tacto? Lo más importante de todo es remitirse siempre al sentido común.

Y vosotros como escritores, ¿cómo os mimetizáis y perdéis el control para conocer y dar vida a vuestros personajes?

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Escrito por María Bravo






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