viernes, 11 de noviembre de 2016

«Mi maravillosa librería», de Petra Hartlieb

Son especialmente simpáticos la clientela que primero me encarga el libro y que a los tres días me lo presta porque le ha parecido muy bueno (...) Los que no saludan, los que encuentran que nuestro papel es «realmente feo», los que se indignan porque no tenemos un libro de hace cuatro años sobre los Habsburgo y tardará un día en llegar si lo encargamos, a los que les parece incomprensible que no sepamos de memoria si el libro que nos encargaron hace tres días ha llegado o no. Los que piden descuentos por principio (pág. 194). 

Editorial: Periférica
Año de edición: 2015
País de origen: Austria
Páginas: 233
¡Feliz día de las librerías! Las aletas de mi nariz ondean cuando captan una novela que trata sobre libros. Si en la anterior crítica hablé sobre El impresor de Venecia, en esta ocasión mi nariz me ha advertido sobre un título que habla por sí solo: Mi maravillosa librería, una obra que actúa como paraíso para el amante de los libros. La historia, basada en hechos reales, es simple. La misma Petra Hartlieb nos cuenta en primera persona cómo nace su librería en Viena (sin ser realmente conocedores del paso que estaban dando). Esta decisión obliga a su marido y a sus hijos a cambiar de ciudad (Hamburgo) y vida de manera radical, hasta dejar atrás puestos de trabajos muy bien remunerados. Contratiempos, jornadas de 24 horas y una lucha incansable por conseguir lo que una ama, conseguirán que Hartlieb mantenga su maravillosa librería abierta.

Es una guía indispensable para todo novel empresario que pretenda abrir una librería. La autora es austriaca, pero expone una serie de obstáculos y salvavidas que se dan en muchos países, con los que el lector pronto empatizará tenga o no un local de estas características. Porque todos sabemos lo coñazos que podemos llegar a ser cuando no sabemos el título de un libro y le ofrecemos toda clase de pistas a cual más surrealistas a la librera, por no mencionar la famosa pregunta de qué libro le recomendaría usted a mi abuela, o cuando pretendemos entrar a toda costa cuarenta segundos antes del cierre.

El librero curtido que lo lea se verá reconocido cuando Hartlieb hable sobre la variedad de comerciales que van a venderte las novedades de su editorial. Sobre interminables facturas, la conversión de tu casa en un almacén, qué criterio se sigue para  la colocación de libros, cómo carga los libros en presentaciones o firmas de libros. Sobre la pesadilla de que abran una librería-supermercado frente a tu librería y tengas que despedir a todos (aunque eso en España es improbable que ocurra. No lo de despedir, que eso es deporte nacional, sino lo de que abran una librería-supermercado). O sobre el gigante Amazon e Internet y el daño que hace a los pequeños comercios cuando un usuario prefiere comprarlo en Amazon a acudir a la librería que tiene a tres minutos de casa, pese a que el precio será el mismo.

Es una lectura amena con la que descubrirás qué se esconde detrás de una librería, disfrutarás de cada anécdota, sabrás cómo es el librero del siglo XXI, sus preocupaciones por no saber conjugar familia y trabajo o por no pagar más a sus empleadas. Desde aquí, quiero abrir una lanza a favor de todos los libreros súperpersonas que se esfuerzan día a día por ofrecer lo mejor de ellos mismos. Son todoterrenos que merecen ser valorados. Y en la novela esto también se ve reflejado.

Lo que cobran mis empleadas no compensa en absoluto todo lo que saben, pueden y hacen. Dominan la literatura y todos los temas relacionados con ella, conocen la ortografía correcta de los títulos en francés e inglés, entienden de geografía y de política, están al tanto de lo que puede interesar a gente solitaria y mayor, saben de ayuda en todos los ámbitos de la vida, desde el divorcio y la separación a los niños con sida, pasando por el problema de los perros que hacen sus necesidades dentro de casa. Sobre todos los temas imaginables de un libro, y nosotros lo conseguimos, y nuestro consejo es gratis (pág. 77).

Todos deberían leerlo para saber qué se esconde detrás de una librería. No todo es pasión por los libros, sino sacrificio por pagar facturas y enfrentarse a los obstáculos del día a día. Sin duda, y hablando sobre los estragos que hace Internet, me quedo con una frase del libro cargada de filosofía: Internet sobra cuando hay que pelar 20 kilos de patatas (pág. 233). Y quien dice patatas dice disfrutar de las cubiertas de libros o de las historias de gente corriente. Ahí, lo dejo. Eso sí, no dejen de entrar en Internet para leerme.

Puedes acceder aquí a la página de la librería. Si tienes tiempo libre y rebuscas sin descanso en su web, encontrarás un vídeo de la librería. Es realmente curioso saber cómo es este espacio después de haberte leído el libro.

Una cosa más, ¿conocéis alguna novela que trate sobre libros? ¿o debo dejar que las aletas de mis nariz me lleven hasta el próximo hallazgo?



Petra Hartlieb nació en Múnich en 1967 y creció en Austria, donde estudió Psicología e Historia. Posteriormente trabajó como periodista y crítica literaria en Viena y Hamburgo. En 2004 recuperó con su marido una antigua (y hoy mítica) librería vienesa, que rebautizó con su propio nombre. Junto a Claus-Ulrich Bielefeld ha escrito una serie de novelas policíacas que publica la prestigiosa editorial suiza Diogenes (fuente Editorial Periférica).



Escrito por María Bravo Sancha

 









2 comentarios :

  1. Suena bien. Lo leeré. Hace tiempo leí Firmin. Es divertido. Y luego está Cosas raras que se oyen en las librerías. ¿Qué cosas se oyen en las librerías? Pues por ejemplo, esto:
    Cliente (sosteniendo un libro de cocina): ¿Le importa que fotocopie esta receta?
    Librero: Pues sí, me importa.

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  2. En España eso se llama Vips. Si te refieres a café literario; suelen
    tener poca vida hábil. Lo peor es que en Amazon tienes costes de
    envío; con lo que compensa más en la librería al lado de casa. Muy
    bien dicho; hay librerías geniales que siempre queda la duda de si
    seguirán al mes siguiente.

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